Son muy pocas las comedias que aguantan el paso del tiempo con tanta fuerza y frescura como Luna Nueva de Howard Hawks. Este largometraje, a punto de cumplir setenta años, se ha plantado en nuestro tiempo sin apenas envejecer, alzándose por encima de las demás versiones de la obra de teatro en que está basada, The Front Page, de Ben Hecht. Entre estas versiones, cabe mencionar el film de Billy Wilder The Front Page, con Jack Lemmon y Walter Mathau; y Switching Channels, con Christopher Reeves y Burt Reynolds. Nos preguntamos cuál será el peso de la película de Howard Hawks si, al hablar de las citadas versiones, se suele pensar que son remakes de Luna Nueva, y no nuevas adaptaciones del material original para teatro. Analizando Luna Nueva comprobaremos que la sombra del señor Hawks es alargada.
La principal fuerza de la película yace en el frenético ritmo conducido por diálogos fluidos y audaces, cuyos mejores momentos llegan de la boca de los personajes periodistas. Howard Hawks, si bien no se propone una dura injuria hacia el gremio de periodistas, sí logra transmitir cierto recelo a este negocio que él identifica con gente deshumanizada, avara e insolente. (“¿Y qué significa ser periodista? ¿Espiar por cerraduras? ¿Despertar a la gente a medianoche? ¿Robar fotos a ancianas, para que se diviertan las amas de casa?” dice la periodista Hildy arrepentida). De esta manera nos muestra lo peor y lo mejor del periodismo, tanto la falta de escrúpulos que a menudo conlleva este negocio como la bella e irresistible vocación del periodista que quiere lograr justicia por medio de su labor.
Pero la película no gira exclusivamente en torno al periodismo. Éste más bien se emplea como contexto y justificación para la historia de los personajes protagonistas. Son Walter Burns, tenaz y oportunista editor del Morning Post; y Hildy Johnson, ex-esposa de éste y antigua reportera del periódico. Ante la noticia de que Hildy se va a casar, Walter empleará todo su ingenio y poca vergüenza en sabotear estos planes para que Hildy no se aleje de él ni del periódico. El prometido de Hildy, Bruce, sufrirá todo tipo de contratiempo
s puestos en su camino por Walter. Esta alocada trama se encuadra en el seguimiento del caso de Earl Williams, condenado a la pena capital por homicidio.
Hawks nos presenta su film como una comedia desde la primera escena. Nos obsequia con un delicioso tracking shot para meternos de lleno en el ambiente bullicioso de la redacción del Morning Post, en una escena en la que los dos personajes protagonistas son dibujados a la perfección. El personaje de Hildy se perfila amigable y agudo en su presentación, en la que es recibida calurosamente por los que fueron sus compañeros de profesión. Más memorable es la entrada en escena de Walter Burns, sorprendido por Hildy afeitándose su notorio hoyuelo en el despacho. (Curiosamente, dos décadas más tarde la glamorosa Audrey Hepburn le preguntaría a Cary Grant cómo se afeitaba “ahí dentro” en la película Charada). La discusión que tiene lugar a continuación entre Hildy y Walter es exquisita; en ella averiguamos su pasado, sus pretensiones, su carácter, su peculiar relación... Cary Grant se muestra atípicamente adusto y orgulloso, con ciertos comentarios agudos e impertinentes que recuerdan al mismísimo Groucho Marx. (Si se tiene en mente el personaje inseguro y torpe que Grant interpretó para Hawks en La Fiera de mi Niña, el contraste es sangrante). Rossalind encarna con brío y aplomo a Hildy en una interpretación que recuerda a la fuerte personalidad de la inconmensurable Katherine Hepburn.
El diálogo entre ambos fluye con vehemencia y atropello. Es una escena filmada con muy pocos cortes y largas intervenciones por parte de los personajes. Como muchos otros pasajes de la película, esta primera escena nos recuerda que la historia ha sido extraída del teatro. Esto se ve en el modo en que la esencia de la escena está en el diálogo. También la manera de interpretar resulta teatral; dicción perfecta y grandes aspavientos en un encuadre de cámara amplio y cómodo para que los personajes se puedan desenvolver siendo perfectamente visibles en todo momento.
Muchas secuencias del largometraje nos arrancarán risas empleando humor sofisticado (las apostillas de Walter, siempre mordaces) y de enredo vodevilesco (la última escena en la que el )convicto es escondido en una consola). No obstante, hay una porción en la mitad de la película en la que la narración se aleja de la historia de Walter y Hildy. De hecho, el personaje de Cary Grant se ausenta de la pantalla durante unos veinte minutos mientras se desarrolla la subtrama de Earl Williams y su posible conmutación. Aquí el tono de la película se torna más sombrío, distanciándose de la comedia con pasajes de auténtica angustia, como la escena en que una mujer amiga de Earl, ante la fría e impasible presencia de redactores del periódico, ruega que se la escuche y pide compasión de modo desgarrado. El peso de estas escenas, interpretadas magistralmente, se puede poner en entredicho por romper el ritmo frenético y la unidad del resto de la película. Es la consecuencia de pretender una comedia desternillante en la que cupiesen llamamientos serios a la responsabilidad moral y social de la prensa. Sin embargo, este nimio percance no impide que el resultado final de la película sea positivo.
El desenlace de la película insinúa una acción noble y honrada por parte de Walter que nos recuerda al monumental final de Casablanca. Un final al estilo “da igual lo que a mí me gustaría; vé con él, que te hará feliz.” No obstante, esto se queda en un emotivo speech por parte de Walter, que no da puntada sin hilo y hasta el final no desiste en sus intentos de mantener a Hildy con él. Y, efectivamente, su plan dará fruto y finalmente se marchará con Hildy a la luna de miel prometida en las Cataratas de Niagara (previo paso por Albany para cubrir la noticia de la huelga). Es un final convencional típico de comedia de enredo. No podía acabar sin que el chico consiguiese a la chica... ¿o sí? Recuerden Vacaciones en Roma. ¿Habría funcionado en Luna Nueva que Walter no consiguiese reconquistar a Hildy?
Los personajes de la película en general dejan bastante que desear en el plano humano. Vemos alcaldes deshonestos, periodistas truhanes, protagonistas que secuestran suegras... El único personaje íntegro es el caballeroso Bruce, prometido de Hildy, que finalmente acaba resignándose antes las surrealistas circunstancias.
Antes de Luna Nueva (1940) hubo en 1931 una buena adaptación de The Front Page. Era una película homónima dirigida por Lewis Milestone (ganador de un premio de la Academia por Sin novedades en el frente). ¿Cuál es la diferencia entre las dos versiones que hace que sean películas muy distintas? Sencillo; en Luna Nueva, el personaje de Hildy es convertido en mujer, mientras que en la obra de teatro original y en la adaptación de Milestone, Hildy es un hombre (también en la versión de Wilder). No es un pequeño detalle, ya que hace que el modo de afrontar la trama periodística sea totalmente distinta al meter en medio una historia romántica.
Luna Nueva sigue fresca hoy en día, en un siglo en que el título se asocia tr
istemente con los vampiros de la saga para adolescentes Crepúsculo. Pero, afortunadamente, podemos estar seguros de que Luna Nueva, (la antigua, no la de vampiros) prevalecerá en el tiempo como una de las comedias screwball más logradas de su tiempo. Dos factores clave ayudarán a esto. El primero, que es una película de dominio público, hecho que facilita su amplia distribución*. El segundo, que ha sido elegida por el American Film Institute para ser conservada en el Registro Nacional de Cine entre otras joyas de celuloide dignas de este privilegio.
*Se puede encotrar en youtube.com toda la película sin cortes.